Slow Down – ¿Para qué prisa?

Ahora que han acabado las vacaciones, en un verano que ha resultado ser atípico, todos regresamos a las rutinas, adaptándonos a las circunstancias.

Uno de los temas relacionados con el síndrome de volver a empezar y sobretodo con el estrés es la prisa. Ya hace cierto tiempo que se reivindica la filosofía del movimiento Slow Down, que acoge a distintas ciudades cuyo ritmo de vida acoge la lentitud como patrón principal en su organización general. Con el cambio de estación y el volvernos a incorporar a un nuevo ciclo provoca que vayamos más de prisa. Y probablemente este año muchísimo más.

Tal vez no haga falta abonarse a la desaceleración absoluta pero sí que es muy importante tomar conciencia que el lo quiero para ayer y hacer de nuestra vida diaria una montaña rusa de parque temático puede llevarnos con facilidad a estresarnos. Es más, a causa de la anomalía que nos ha tocado vivir, muchos de nosotros tal vez queramos ir más de prisa, como parte de los síntomas de ese síndrome postvacacional, para recuperar el tiempo perdido.

En el pasado se verbalizaba como ir sin prisa pero sin pausa. Tomar el tiempo necesario para hacer las cosas, sin urgencias. Y por supuesto sin que olvidemos que el vivir va por delante que el hacer, disfrutando de cada momento, de cada percepción. Porque en el Chamanismo, las personas que estamos conectadas a esta forma de vida, sabemos que todo se da de la manera más apropiada y cuándo debe ser, cocinándose a fuego lento.

Es importante tener tiempo para sonreír.

Parece una obviedad pero a diario se nos presentan oportunidades de valorar el momento y su mensaje: la percepción del agua de la ducha al levantarnos, saborear el desayuno, escuchar a la persona que tenemos enfrente (en lugar de de anclarnos en nuestro discurso!). Evidentemente el mundo funciona, vibra, tienen su movimiento y a lo largo de nuestro periplo vital nosotros somos los protagonistas de esa narrativa, comedia o drama, que es nuestra propia vida.

Ya que aquí agradecemos lo que otros nos han sugerido con sus poemas o escritos, no puedo dejar de citar a dos grandes escritores que han condensado magníficamente lo que aquí estamos tratando :

«Mira el mundo en tan solo un grano de arena…
mira el cielo en un campo florido,
guarda el infinito en la palma de tu mano,
y la eternidad en una hora de tu vida.

Un Petirrojo en una Jaula
Ocasiona Furia en todo el Cielo.

Cada aullido del Lobo y el León
Levanta del Infierno a un Alma Humana.»
William Blake, fragmento de su poema «Auguries of innocence»

«Lo más urgente es lo de ahora y lo de aquí. En el momento que pasa y en el reducido lugar que ocupamos, está nuestra eternidad y nuestra infinitud.»
Miguel de Unamuno, fragmento de Vida de don Quijote y Sancho

Todos sabemos que para vivir bien manejar nuestro tiempo vital es fundamental.

Puede parecer complicado, pero dentro de todo ello, manejar ese tiempo, interior y exterior, depende en gran parte de nosotros. Si nosotros nos conectamos con esa prisa, esa aceleración, aparte de abandonar nuestro centro, desequilibraremos aquello que nos rodea y concierne. Si seguimos los ritmos de la naturaleza, de la propia vida, fijándonos en lo que ocurre en la tierra, nos iremos dando cuenta de que todo tiene un tiempo, armónico y acorde a cada momento, circunstancia y estación.

Así que, ahora que han finalizado las vacaciones, somos nosotros los responsables de armar esa realidad. Y de cada uno depende el poder estar en una velocidad u otra, siempre acorde a lo que nosotros somos.

Y tú ¿cuál es velocidad? ¿Vas a ir deprisa, deprisa… o te detendrás a disfrutar del instante cuando toque?

Ana Hatun Sonqo

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