A lo largo de nuestra vida adquirimos creencias que nada tienen que ver con la realidad. Algunas de ellas están muy arraigadas socialmente y nos perjudican a niveles muy profundos. Una de ellas que está excesivamente generalizada entre los seres humanos  es la siguiente; «si soy bueno todo me irá bien y si soy malo todo me ira mal». Personalmente esta creencia no es muy real, porque no hay ninguna condición, norma o ley que decrete que así debe ser.  Por alguna extraña razón las personas creen en esa idea y se defraudan al comprobar que hay gentes malvada que triunfan y son muy felices y otras que son almas benditas cuya experiencia vital es un infierno. Son misterios de este universo que no tienen explicación.  Ese tipo de creencias colectivas son muy tóxicas  y tienen un peso muy importante en nosotros, sobre todo cuando el mensaje se repite desde la infancia por uno de los progenitores o ambos. Dado este punto podemos afirmar que ese enunciado reiterativo por nuestro entorno más cercano forma parte de nuestros patrones de conducta, es un miembro más de nuestro conjunto personal, con su propia «vida» y cuya finalidad es limitarnos. Al coger terreno amplifica su manipulación hasta secuestrarnos a nivel físico, mental y emocional.  Estas creencias no solo son palabras, son mucho más…

La ley del merecimiento.

A raíz de un reportaje con Alex García (alexcomunica.com)  emitido por la Caja de Pandora empezamos a desarrollar un concepto que está relacionado con el resultado de ser bueno o malo y la trayectoria que nos lleva el merecer el tipo de vida que tenemos. Merecimiento es el derecho a recibir un premio o una alabanza. Hasta aquí simple y sencillo, además en algún momento seguro que hemos experimentado ese tipo de energía en nosotros, el reconocimiento de nuestra validez. Si vamos más allá y lo trasladamos a un contexto espiritual, el merecimiento hace referencia a aquello que nos ganamos, lo que nos nace de dentro, lo que carece de esfuerzo, ausencia de previsión y/o proyección, cero expectativas. Está relacionado e intrínsecamente unido a tu interior y exterior.
2015 05 14
Cuando vibras en tu naturaleza esencial todo es merecimiento. La creación esta «influenciada» en esa corriente  presente en el mundo mineral, vegetal y animal. Pachamama como hogar, dadora de vida y sustentadora de la creación vibra en el merecimiento y nace del movimiento, de aquello que se manifiesta en el universo más allá de binomios buenos y malos. Todo es merecimiento.

El  reconocimiento de la acción del merecimiento en los humanos es una tarea necesaria para liderarlo. Nada tiene que ver con cualidades y dones innatos, eso le pertenece a la persona por derecho y se exterioriza.  Creerse merecedor tiene que ver con una substancia anclada en nuestra esencia, las creencias y nuestras conductas; lo que pienso, siento, hago… Es el conjunto de conductas que se exteriorizan en la cotidianidad tomando forma en la realidad de las creencias. La Unión de acción y creación forja el merecimiento.  El merecimiento es neutro y en la vida se manifiesta a través del uso que haga la persona, es la consecuencia de la acción y creación.

Aplicando en mí beneficio el merecimiento.

Cuando manejas las riendas del merecer adquieres mucha fuerza y poder. Llegar a ello requiere de una observación minuciosa de tu persona en el  círculo extenso de la  propia existencia. Reconocerte como instrumento sagrado del creador y aceptar el lugar que te corresponde con aquellas situaciones que ocurren no es fácil, pero es un primer paso vital para girar tu trayectoria destructiva. El merecimiento absorbe lo que proyectas, lo refleja y materializa. Por eso es importante simplemente vivir lo que toca y dispone el“Gran Espíritu”.

El fluir del merecimiento tiene mucho que ver con el humor, la alegría y el gozo de la vida. Confiar que «esto también pasará» y saber que es así, es merecer.

En una ocasión me pregunto un alumno como se ha de desear, donde debía enfocar la energía, si en el vientre, el corazón, la cabeza…. La mire y sin titubear le dije: «cuando deseas, lo haces con todo tu ser, con cada partícula de luz, con toda tu existencia, porque te va en ello la vida». Así actúa el merecimiento.

Ana Hatun Sonqo

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